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dilluns, 16 de maig del 2011

El Sátiro

Aquella misma tarde cogí un vuelo hacia Grecia. Llevaba tiempo queriendo volver i reencontrarme con esa tierra mágica y misteriosa en la que han nacido tantos mitos y leyendas. Iba en busca de escuchar nuevas historias que me transportasen a otro mundo, al mundo de la mitología, de la fantasía y lo irreal. Aunque lo que encontré no fue algo irreal y fantasioso precisamente.

Llegué por la noche, llovía a mares y hacía un frío que helaba hasta a los enamorados más apasionados. No me esperaba nadie allí, así que cogí un taxi y me alojé en el motel más cercano, no me importaba lo sucio, cutre o viejo que fuera, porque al día siguiente ya no estaría allí, viajaría una hora más en coche hasta llegar al pueblo de mi infancia, donde nací y me crié, donde se esconden mis recuerdos más puros e inocentes. Como anhelaba volver a entrar en mi casa, sentarme en mi cama, abrir viejos cajones, rebuscar en el pasado… Pero aun estaba en el motel, dispuesta a dormir cuanto antes para que la noche pasara lo más rápida posible.

Pasó una hora y no conseguí conciliar el sueño, se debía a un cuadro que había colgado en frente de la cama, no podía dejar de mirarlo, no podía cerrar los ojos sabiendo que él me miraba. Me levanté y me dispuse a cogerlo, con cierta irritación casi que lo arranqué de la pared, y me fijé en el dibujo, se trataba de un monstruo, tenía cara, brazos y torso de hombre, piernas de cabra, una barba que le llegaba a la cadera, y como unos pequeños cuernos en la frente, en el cuadro estaba representado tocando una especie de instrumento parecido a la flauta, y en el margen inferior había escrito: “Pan” (Pan).
Sin duda alguna se trataba del dios Pan, el dios de los sátiros, adorador de Dionisio. Nunca había visto una representación de un sátiro como aquella, siempre los había visto representados como seres felices y alegres, pero este cuadro tenía un aura oscura, realmente me empezó a entrar miedo y tiré el cuadro dentro del pequeño armario de madera que estaba situado al lado de la puerta.
Entonces me acosté de nuevo y me dormí del tirón hasta el amanecer.

Un sol rojo empezó a colarse por la ventana, iluminando toda la habitación, y cegada  por la luz me desperté. Al abrir los ojos y mirar a la pared de enfrente me quedé sin respiración. El cuadro estaba colgado de nuevo. Me froté los ojos varias veces y me pellizqué por si acaso seguía soñando, pero nada de eso funcionó, el cuadro seguía allí, y seguía mirándome con ese toque de maldad que tenía.
No quise seguir mirándolo ni volver a tocarlo, cogí mi maleta apenas deshecha y me fui de aquel odioso motel.
Con el primer taxi que paró me aventuré a la carretera con destino a mi pequeño pueblo.

Una vez bajada del coche, un estallido de recuerdos me inundó a la vez, el olor de las flores y de la hierba mojada por el rocío de la mañana, los árboles, el sonido de los pájaros, el parloteo de aquella gente humilde y buena, la risa de los niños…
Todo era como entonces, parecía que el tiempo allí no pasara nunca.

Apresurada dejé todas las cosas en mi casa, y me dispuse a salir a pasear entre los árboles, y disfrutar de aquellas sensaciones.

Entre las ramas, el follaje y demás, llegué a una hondonada circular delimitada por unas piedras puestas en orden y de pie, estaban tan bien colocadas que parecía más bien una obra humana aquello. En el centro se podía distinguir una gran roca redonda aplanada. Bastante extraña también, entonces escuché murmullos y me escondí detrás de un tronco seco que había en el suelo.

Salieron hablando de entre los árboles dos hombres, uno joven y otro anciano.

-¿Este es el altar del que me hablaste? Es bastante grande y espectacular, demasiado para hacer sacrificios animales.-Comentó el joven mientras se acercaba a la roca circular.
-De eso precisamente te hablaba antes, este es un altar especial, aquí no hacían sacrificios animales…
-¿Quieres decir que también hacían sacrificios humanos?
-Hay una leyenda que habla sobre el dios Pan…-el anciano empezó a explicar una leyenda sobre Pan, yo presté total atención a aquello que decía, me había vuelto a acordar de aquel cuadro y se me había puesto la piel de gallina.-…y dicen que si concedían sacrificios humanos a este, los dioses te recompensaban con poderes, entre ellos el de la vida eterna…
-¡Bobadas!-dijo el joven mientras se reía-¡si eso fuera real, la cantidad de inmortales que habría en el mundo sería exagerada!
-No todo el mundo conoce este sitio, en este pueblo sólo quedamos tú y yo con conocimiento de él, mucho se ha hablado de esta leyenda, pero nunca han hallado el lugar y han acabado creyendo que todo era mentira.
-¿Y tu no crees que sea mentira?
-Observa estas huellas.
-Parecen las huellas de un macho cabrío.-dedujo el joven mientras se acercaba al suelo.
-¿Estás seguro? Fíjate bien.
-No, no pueden ser de un macho cabrío, son demasiado grandes para ello, pero…

En ese momento me recorrió un escalofrío tal que lo noté hasta en los huesos.

-¿Y te has fijado en las inscripciones de la roca?-añadía el viejo señalando al altar.
-Están muy desgastados, no se acaban de distinguir del todo…

En ese momento el anciano sacó un cuchillo y con la otra mano empujó al joven por el cuello hasta tumbarlo en la roca, el joven le sostuvo la mano con el cuchillo; forcejearon durante un rato y el anciano ya cansado, acabó cediendo y el joven se hizo con el cuchillo cambiando ahora la postura de los dos, estando el viejo tumbado en la roca y el joven encima con el cuchillo; finalmente, de una manera extrañamente natural, se acabó deslizando el cuchillo atravesando el cuello del anciano, formándose así un gran círculo de sangre a su alrededor.

El joven estaba atónito, pues apenas en unos minutos le habían intentado asesinar y había acabado matando él al viejo que hacía un momento le acompañaba en una agradable charla por el bosque.
Entonces vi algo en lo que no me había fijado antes, era un objeto brillante que se encontraba al pie del altar. El joven lo cogió y se lo colgó alrededor del cuello, parecía una especie de amuleto.
Entonces el joven empezó a caminar decidido hacia un rio que se encontraba al lado mientras iba deshaciéndose de las ropas.
No parecía que supiera lo que estaba haciendo, no tenía expresión en la cara, y los ojos se le habían puesto en blanco.
Una vez se encontró en la orilla del río, se contempló en el reflejo del agua mientras de repente empezaba a sufrir como una especie de mutación; le salieron pezuñas en los pies, pelos blancos en las piernas, la barba le creció con una rapidez asombrosa hasta la cadera, y le salieron como un par de pequeños cuernos en la frente; exactamente como en el cuadro, se trataba sin duda alguna de un sátiro en carne y hueso.
Yo solo soñaba con seguir durmiendo en aquel mugriento motel y con despertarme cuanto antes, pero por más que lo intentaba no conseguía despertarme, porque aquello que mis ojos veían, era real.

Entonces una especie de ninfa con el cabello rojo y los ojos verdes salió del agua, le arrancó el amuleto del cuello, lo tiró entre unos matorrales, y se lo llevó con ella cogido del mentón a las profundidades de aquel río.

Tras pasar varios minutos y no ocurrir nada decidí acercarme hacia donde había caído el amuleto, lo cogí y lo observé con detenimiento. Era un amuleto de piedra verde, con un grabado de un sátiro, tenía una luz especial, no sabía exactamente si era por el sol del atardecer o por algo más profundo, pero de repente me empezaron a arder los dedos y lo tiré, y eché a correr hacia el pueblo como nunca antes había corrido.

Una vez llegué a mi casa me puse a pensar en lo ocurrido, analizando si aquello que había visto había sucedido realmente, o había sido mero producto de mi imaginación por la emoción del momento y el lugar.

Sin darle más rodeos al asunto, decidí acostarme y consultar lo ocurrido con la almohada, pero no pude conciliar el sueño, había algo que me penetraba el alma, lo sentía claramente, como una aguja de hielo que se te va clavando hasta lo más profundo del pecho.
Y de repente vi, en la pared de enfrente de mi cama, aquel cuadro que había visto en el motel, con un sátiro con mirada diabólica que estaba penetrando en lo más profundo de mi mente…

Yaiza Páez, 2n BAT

Epilobium Angustifolium

Como ya habréis podido observar, mi nombre es  Epilobium Angustifolium. Sí, es cierto que no es un nombre demasiado común y tampoco es que sea realmente fácil de pronunciar de un tirón pero, sin embargo, rima. Y por mucho que este hecho, a simple vista, os resulte bastante irrelevante y quizás hasta os llegue a parecer estúpido, no lo es de ninguna manera. Ya que mi nombre es tan largo, contiene al menos algún mecanismo que me haga a mí, pero también a todo aquel que me conozca, más fácil la faena de recordarlo.  ¡Es una gran ventaja! Pero como siempre hay algún despistado a quien le cuesta memorizar dos palabrejas, dejo que mis amigos me llamen Epilobio pero cualquiera de vosotros, si nunca se dirige a mí, que me llame Señor Angusti por favor. No es que pretenda recibir un trato de gran respeto –el cual seguramente merezca–  pero sería de mi agrado una ligera muestra de cortesía dado que, personalmente, opino que poco a poco se van perdiendo los buenos modales. Antes de entrar en un debate sin fin, dejadme contar mi historia.
Desde hace ya tiempos remotamente lejanos, mis antepasados, del mismo modo que lo hacemos yo y toda mi familia en la actualidad, han vivido en el campo. Esto no ha sido por dedicarse a labores rurales de ningún tipo, simplemente por el amor a la naturaleza y el desprecio a la vida en la urbe. Durante el último siglo nos hemos asentado en las verdes praderas de la fría Noruega, donde el Sol puede permanecer a la vista durante meses como quedar oculto a la vez que cubre con un negro manto las montañas y los fiordos que nos rodean. Sin embargo, esto acaba causando una interesante atmósfera que nos permite gozar tanto a mí como a toda mi familia de un poco de paz y tranquilidad. Lo digo porque, desgraciadamente, vivimos en una zona un pelín turística; y por pelín solo me refiero a que diariamente, justo enfrente de nosotros, aparcan autobuses -e incluso autocares- llenos de turistas de nacionalidades variopintas.
Personalmente no creo que el lugar donde vivo junto a mis padres, primos, hermanos e hijos sea particularmente bello pero ya sabéis lo que se dice; “para gustos, colores” y para colores la gran inmensidad del espectro electromagnético, eso sí, la de su zona visible por el ojo humano. Y tantos gustos y colores hay como tipos de personas y clases de autobuses. Yo no me había fijado antes pero hay gran variedad de transportes públicos y privados para un número pequeño –des de una docena de personas- hasta autocares con casi medio centenar de jubilados. Los jubilados, generalmente, nos tratan bastante bien; en cambio, son los más jóvenes quienes nos hacen sufrir más. Llegan ellos, tan pequeños, embutidos dentro de chaquetas de colores vistosos, acarreando una pequeña mochilita de tonalidades no menos sorprendentes a sus espaldas y, sin dar aviso alguno más que sus agudos chillidos, invaden nuestra propiedad arrasando con todo lo que encuentran a su paso. Es realmente aterrador. La semana pasada acabaron con la parcela del Señor Algidum y fue tal la brutalidad que los únicos supervivientes fueron sus dos hijos menores de sonrojadas mejillas. Y, perdonad mi indiscreción, pero claro está que la culpa de todo lo sucedido la tienen los padres que, en vez de vigilar a sus pequeños asesinos, posan de forma extravagante para los retratos familiares.
Así que si alguna vez pasáis por las bonitas tierras de Noruega pensad en mis primos y, si os queda un lugar vacío en el corazón, pensad también en mí cuando bajéis lentamente del autobús y os dispongáis a pisar las verdes praderas que son mi hogar.

Xavier Cucurull, 1r BAT B

dimecres, 11 de maig del 2011

Una historia mágica

Una mañana de verano, un niño llamado Nacho, se encontraba en la casa de veraneo de sus abuelos en Torrox (Málaga); Nacho iba con su abuelo a pescar todas las mañanas. Esa mañana de verano  Nacho llego antes a la zona de pesca, Nacho avistó un gran pez dorado, rápidamente fue a contárselo a su abuelo. Su abuelo corrió a verlo pero en ese momento el pez desapareció, el abuelo pensaba que era todo fruto de su imaginación y no le creyó.
Nacho muy desilusionado se fue a una playa más lejana, allí se sentó junto a la orilla, de repente escuchó una voz que le llamaba, Nacho se dio la vuelta porque creía que era su abuelo pero no, la voz venia del agua. Nacho se acercó al agua y cuál fue su sorpresa que el pez dorado, el pez que había desaparecido, estaba allí y hablaba. Él se quedó muy sorprendido al ver que ese pez hablaba y que sabía su nombre. El pez lo vio muy asustado y le dijo: Nacho,  no te preocupes, no te voy a hacer daño. Tranquilo, sólo soy un pez que habla. Y Nacho le respondió ¿Cómo sabes mi nombre? El pez muy tranquilo a pesar de los saltos que Nacho daba sobre el agua le contestó: es una larga historia amigo, pero si la quieres saber ven conmigo. Él le siguió, pensó que no pasaría nada, los dos se adentraron en el mar. El pez le dijo que si quería conocer toda  la vida que había bajo el agua. Nacho le dijo que su habilidad, precisamente, no era la de la respiración bajo el agua, pero que le encantaría . El pez le dijo: no te preocupes Nacho que no te pasará nada, ya verás. De repente,  Nacho se zambulló y él notó que no se ahogaba, no le costaba nada respirar bajo el agua. Nacho le preguntó al pez : ¿Cómo puedo hacer eso? El pez le contestó : la magia del mar, eso es lo que hace que no te ahogues.
Cuando estuvieron en lo más profundo del mar algo brillaba muchísimo Nacho vio algo que ningún ser humano había visto, algo maravilloso, algo sorprendente ,una bola de luz  en el fondo del mar muy grande. Nacho se quedó anonadado, no se lo podía creer. De repente vio un gran cartel que ponía: SIRELANDIA .
El pez dorado y él se adentraron en la gran bola de luz. Cual fue su sorpresa  que vio una ciudad, una ciudad como las que había por encima del mar pero solo había una gran diferencia; las personas. Las personas no  tenían piernas, las personas tenían cola  y todo indicaba que eran sirenas y sirenos. Nacho cada vez estaba más sorprendido pensaba que todo era un sueño no se lo podía creer y se empezó a pellizcar las mejillas con fuerza. Al ver que no servía para nada que no valía la pena, desistió de seguir intentándolo. El pez lo llevó hacia un gran edificio donde había dos guardianes en la puerta. Subieron hasta el último piso del edificio, allí en lo más alto de aquel edificio se encontraba un sireno, era muy grande con un tridente vestido de azul brillante y con una barba muy  larga. El sireno se presentó y le dijo que era Aarón, el rey de todos los sirenos de esa gran ciudad a la cual la llamaba “gran bola de luz”.
Aarón le presentó a su hija Teresa, una niña muy guapa de la cual Nacho se quedó prendado al verla. Nacho habló con Teresa y le dijo todo lo que había sentido al verla. A Teresa le había pasado lo mismo y así se lo dijo, los dos muy enamorados fueron a hablar con el padre de Teresa. Aarón les dijo que era imposible ya que el efecto de la respiración bajo el agua no duraría mucho más de dos días, pero le propuso otra opción: si te conviertes en sireno podrás estar toda la vida junto a mi hija Teresa pero tendrás que olvidarte de toda tu familia y amigos de toda la vida que hay fuera de aquí, lo deberías de dejar todo por mi hija. Nacho dijo que si, que no le importaba porque la quería, que nunca había sentido lo que sentía por su hija y que aceptaba, pero sólo le pidió una última cosa, que pudiera ver por última vez a su familia. Aarón con su magia concedida por todos los seres vivientes del mar, en un espejo hizo aparecer la imagen de su familia. Tenían cara de preocupación y Nacho quería saber el ¿por qué? Aarón le explicó que no había transcurrido tan poco tiempo como él  pensaba, en realidad habían pasado tres días. No apareces por tu casa tu familia está muy preocupada y necesitan saber dónde estás.
Nacho cogió de la mano a Teresa y le dijo que ahora no  podía estar con ella però que cuando volviera a verla no se separaría de ella.  Y le dijo: el tiempo que esté lejos de ti nunca te olvidaré y pensaré en ti cada segundo que no esté a tu  lado.
Nacho se despidió de ella pero le seguía rondando una pregunta por la cabeza ¿Cómo sabían quien era? Aarón le respondió: es cosa del destino, te llevamos observando desde que naciste porque nosotros sabemos que tu eres buen chico y que tarde o temprano harás feliz a mi hija. Ahora vete, tu familia te espera. Tranquilo, cuando vuelvas, nadie se acordará de nada.
Nacho volvió a su casa, todo el mundo creía que se había quedado dormido en alguna playa y que por eso había llegado un poco tarde, pero Nacho no dejaba de pensar en Teresa.
Al cabo de unos años Nacho volvió a la playa donde había visto por primera vez al pez dorado  y allí estaba esperando a que él estuviera preparado y pudiera volver. Nacho volvió a “la gran bola de luz” y  allí estaba Teresa, esperándole. Y como él prometió, se convirtió en un sireno. Se casó con Teresa  y hasta el día de hoy Nacho y Teresa siguen juntos y nadie ni nada los separará.

Celia Maldonado, 2n ESO A

L'univers

Feia un dia molt bo. Era a la tarda després de sortir del col·legi, la Judith estava mirant per la finestra aquell sol i aquell mar que es veia al fons tan blau. Va mirar al cel, no hi havia núvols , encara es podia veure la lluna tant grossa i definida. La Judith sempre havia tingut curiositat per saber com era la superfície de la lluna i com que no podia anar-hi se la va imaginar. Hi veia unes grans explanades de terra gris que a la vegada eren camps de golf i els cràters servien per posar la pilota.... Tampoc calia caminar perquè podies anar flotant als llocs, no hi havia cotxes ja que podies recórrer tota la lluna amb una hora...
D’aquesta manera va passar la tarda i quan se’n va adonar el cel era negre. Com no hi havia núvols es podien veure milers d’estrelles que formaven dibuixos molt bonics. A ella li agradava molt tot el que formava part de l’astronomia i volia ser astrònoma de gran.
Com que totes les coses que ella s’imaginava no volia oblidar- les, va voler apuntar-ho tot en una llibreta per intentar publicar les seves idees un cop fos gran. Va agafar la primera llibreta buida que va trobar i va començar a escriure:
“No crec que l’univers sigui fosc, amb la quantitat d'estrelles que hi ha, hauria de tenir molta llum i els astronautes haurien d’anar amb ulleres de sol molt potents. Molts cops he pensat què passaria si no hi hagués l’univers... Res no passaria, no existiria absolutament res.... Em costa una mica  pensar com és de gran, perquè segurament si algun astronauta cau de la seva nau espacial es passaria la vida caient i caient en un buit que no s’acabaria mai. Amb el gran que és hi ha d’haver vida en un altre lloc per força; molta gent creu que estem duplicats , que per exemple hi ha un altre jo i un altre tu, sempre he pensat que jo seria l’autèntica , també els dobles serien el contrari de nosaltres, si una persona és molt bona pot ser que  l’altre jo sigui un delinqüent i viceversa. Quan algú t’ensenya  les constel·lacions sempre et diu: "mira aquesta té forma de casa... i l'Óssa Major de carro..." Jo mai  els hi he sabut veure la forma, trobo que és molt difícil reconèixer-les  i tampoc sé com s’ho feien abans per orientar-se amb les estrelles, perquè entre totes les que hi ha, trobar la que t’interessa deu ser molt difícil i si un dia el cel esta tapat , com s’ho farien?
Ja era fosc i se’n va anar a sopar, i després se’n va anar al jardí on tenien una hamaca que ella sempre feia servir per mirar el cel i les estrelles. Es va fer molt tard i es va quedar dormida i tot el que havia escrit sobre l’univers li va servir per fer una redacció que havia de presentar l’endemà a l’escola.

Aitana Javaloy, 2n ESO A.

dimarts, 10 de maig del 2011

Plat principal: Història de Sant Jordi

INGREDIENTS
Necessitarem: 1 Drac, 1 Jove cavaller, 1 Poble, 1 Rosa vermella, 1 Rei, 1 Princesa, 1 Cova del drac i
3 kg. d’imaginació.

PREPARACIÓ
Hi havia un petit poble on la gent s’avorria molt. Van provar fer concursos i jocs però eren tan avorrits que la gent del poble ni tan sols anava a veure’ls. Un dia, al rei d’aquell poble se li va acudir que podien comprar o adoptar alguna mascota. Van rumiar i rumiar quina mascota podia divertir al poble. Van pensar en bous i vaques, però ja en tenien i eren molt vells. Van pensar també en ovelles, però també en tenien i no eren divertides. Finalment, a la filla del rei, la petita princesa, se li va acudir que podien comprar un petit drac ja que podria portar als infants del poble a volar d’una banda a una altra.
El rei va preguntar a la gent del poble si un drac agradaria com mascota i la gent va estar-hi d’acord. Quan es van decidir per un, va ser un petit drac verd molt simpàtic i juganer.
Durant el primer any al poble el petit drac va tenir molt d’èxit entre els nens, però després d’aquell any, el drac va créixer molt i els nens el van començar a témer. El pobre drac es passava els dies sol i ja no se’n recordaven d’ell, i ni tan sols el donaven de menjar. Com que el menjar que li donaven de petit era comprat al supermercat, el pobre drac no sabia que menjar. Un dia, va veure com un llop es menjava una de les ovelles del poble i ell va voler tastar-ne una. Quan la va tastar, ja no feia que menjar i menjar ovelles i al rei se li va acudir donar-li dues cada dia perquè sinó acabaria menjant-se-les totes en un tres i no res. I així ho van fer, de dues en dues el drac es menjava les ovelles fins que un dia ja no en quedaven i el rei va fer el mateix però amb els bous i les vaques. I també se les va acabar. El rei va pensar que, com que ja no els hi quedaven animals, entregaria al drac una persona al dia, a la qual elegirien per sorteig. Va arribar un dia que la persona elegida va ser la princesa, la seva filla. El rei va demanar al poble que perdonessin la vida de la seva filla a canvi de les seves riqueses però el poble es va negar.
Quan va arribar el dia, la princesa es va encaminar a la cova del drac on ell hi vivia. Al arribar, el drac la va veure i la va agafar amb la seva manassa. El drac ja començava a obrir la bocota quan, de sobte, un jove cavaller anomenat Sant Jordi li ho va impedir. El drac va deixar la princesa a terra i ell i el cavaller van començar a lluitar. Després de molts cops, el cavaller li va clavar la seva espasa al cor i el va ferir greument. De la ferida va sortir una rosa, que el cavaller va donar a la princesa. Després el cavaller va curar al drac amb la condició de que es fes vegetarià. El drac va acceptar la condició i es va fer vegetarià. El jove Sant Jordi es va casar amb la princesa i al cap d’uns anys el drac va conèixer a una drac vermella molt bonica i es van casar i van viure feliços per sempre més.
 
I AIXÍ ÉS COM ES PREPARA UNA HISTÒRIA DE SANT JORDI.

BON PROFiT!                           

  Laura Caballero Pacheco, 1r A

dijous, 5 de maig del 2011

Latrodectus mactans (vídua negra)

Des que estic aquí, trobo a faltar la meva cabellera llarga fins la cintura. Jo era la típica noia alta, amb un cos sinuós, morena i dulls foscos. En els últims mesos la meva vida ha canviat molt i he arribat a la conclusió que simplement els odio.

Amb 21 anys a Olot a les 12 del migdia dun dia dhivern vaig cometre lerror de casar-me amb el meu primer marit Ramon. Un corredor de borsa que provenia duna família delevat estatus econòmic i del qual estava completament enamorada. Vam gaudir duna lluna de mel fantàstica a lAntàrtida, vam fer excursions en trineu pels glaciars, vam passar nits apassionades als iglús, vam veure laurora boreal abraçats lun a laltre. En definitiva, va ser realment perfecte. Després vam aconseguir la casa dels nostres somnis i vivíem amb tot tipus de luxes. Gràcies a això no em va caldre portar diners a casa, en Ramon treballava moltes hores i per tant em passava els dies fent tot allò que magradava; anava a jugar a squash amb la meva amiga Àngela, passava tardes amb la meva cosina Lucie per tots els balnearis dels voltants, feia cursets de jardineria, de cuina, daquagym... però el dia era molt llarg i passava molt temps sola a casa. Una tarda en plena sessió dsquash lÀngela em va comentar:
- Us heu comprat un cotxe nou?
- No, només tenim els tres de sempre: el vermell, el platejat i el negre. Per què?
- Em... quan venia cap aquí he passat per davant de casa teva i nhe vist un de platejat però diria que no el vostre. Però bé, mhauré confós.
- Ah...

A partir daquest moment es va despertar aquella faceta obsessiva que havia tancat dins meu durant ladolescència, durant aquells primers amors. Em vaig ficar al cap que el meu marit menganyava i vaig començar a olorar, revisar si hi havia cabells de dona o alguna taca de pintallavis a la seva roba abans de rentar-la i un dia la Lucie em va proposar de seguir-lo durant el dia; aquell dia vaig enxampar-lo amb lAndrea, va ser un cop molt fort, no podia comprendre com no ho havia notat abans. Encara que en aquell moment ja ho sabia no aconseguia relacionar aquella cara oculta amb la nostra vida en comú. Però vaig ser incapaç de reaccionar ni dir-li res aquella nit, era el nostre aniversari de noces i encara ho havia de preparar tot. Quan vaig arribar a casa vaig trobar lÀngela, mesperava a la porta amb el cistell de bolets que mhavia promès perquè jo pogués preparar el plat preferit den Ramon, encara que a mi no magradaven els bolets.

Quan ell va arribar a casa ja estava tot llest, vam seure a taula i vam començar a sopar. Mentre ell em parlava jo el sentia i li contestava però era com si em trobés fora de la conversa:
- Aquest risotto està deliciós!! Hi has posat algun ingredient nou?
- No, com sempre...
- Tot bé, reina?
- ...
- Collons, quina calor! va dir mentre safluixava la corbata- . No em trobo massa bé, estic marejat li va caure el cap sobre el plat-.

Em va costar reaccionar i no vaig saber què fer, hauria dhaver intentat fer-lo reaccionar però no era conscient del que estava passant. Al cap duns deu minuts vaig apropar-me a ell i li vaig comprovar el pols, era mort i no em sabia greu. Vaig trucar a lambulància i vaig fingir estar desesperada.

Amb 23 anys a Morella a les 6 de la tarda dun dia de primavera es va celebrar la fatídica cerimònia amb el meu segon marit Manuel, un propietari de grans latifundis que havia nascut en un poble de lAndalusia profunda i que shavia traslladat a Catalunya feia un parell danys. Aquest cop també tenia la il·lusió i lesperança que sortís tot bé. Era molt bona persona però era un desastre, molt obsessiu, es notava que era de poble i era tan infantil que semblava un nen amb cos dhome, però tot i això la seva bondat mhavia captivat.

Em desesperava que posés cogombres a tots els menjars, fins i tot a la sopa i a les postres i també que tenia lobsessió que qualsevol nit ens entrarien a robar i per això dormia amb lescopeta sota el coixí.

Un dia van venir a conèixer al meu nou marit la Lucie i lÀngela, vam anar a dinar a un restaurant luxós de Castelló que estava a rebentar de gent. Durant el sopar en Manuel em va fer passar una vergonya que mai oblidaré: va eructar, va escurar amb les mans els peus de porc que sestava menjant, va agafar menjar dels plats de lÀngela... i per acabar-ho dadobar va deixar anar:
- Eto pie de porc etan de mort! va dir mentre xuclava els ossos i remenava el plat amb les mans-.
- Niña, que callaita etai!
- Us molesta lhum del tabaco? No verdad?

Mentre estàvem al cotxe manava encenent cada cop més recordant com shavia comportat en Manuel; en arribar a casa per calmar la meva ràbia vaig intentar concentrar-me en penjar les cortines noves del menjador. Aleshores ell es va llençar sobre el sofà i va deixar una sonora flatulència que va impregnar lambient; jo, seguint el meu instint vaig llençar-me des de lescala a sobre dell i el vaig escanyar amb les sedoses cortines vermelles. Quan va deixar de respirar vaig desenrotllar-li les cortines del coll i me les vaig mirar tot dient: quina llàstima, shan arrugat. Després em vaig aixecar i les vaig penjar tranquil·lament.

A lestiu següent, vam aprofitar que lÀngela tenia un pis a Eivissa per anar a passar-hi lestiu. Durant el viatge els vaig confessar en què mhavia convertit; lÀngela es va sorprendre molt i no hi estava gens dacord, de fet em mirava duna manera diferent. En canvi la Lucie no va dir res, simplement va preferir no parlar del tema.

Amb 24 anys a Eivissa a les 2 de la matinada duna calorosa nit dagost em trobava a una discoteca quan sem va apropar lOtto, un alemany duns vint anys i em va dir:
- Quierres bailar conmigos?

Jo, després de riure sense vergonya, vaig accedir-hi, ja que no em vaig poder resistir al seu físic ni als seus ulls blaus.

La Lucie va obligar a lÀngela a marxar del seu propi apartament per deixar-nos-el a lOtto i a mi durant tot lestiu. Un cop sols vam aprofitar totes les nits, una daquestes ens vam jurar amor etern en una solitària cala. Al cap dunes setmanes de convivència em vaig adonar que mhavia equivocat de nou, lOtto era un gandul, es limitava a estar al sofà i satisfer-me quan jo li demanava. En un moment de passió i èxtasi em vaig deixar portar pels meus impulsos i mentre li acariciava el coll, li vaig enfonsar la nou impedint-li la respiració. Quan vaig veure el seu cos inert sota meu vaig ser conscient de la meva crueltat.

A partir daquest moment els meus records són difusos, tot va succeir molt ràpid, no vaig tenir temps de pensar com men sortiria daquesta. Recordo que va aparèixer la Lucie i em va advertir que lÀngela ja feia temps que rumiava delatar-me a la policia ja que es sentia culpable perquè mhavia donat els bolets de lúltim sopar del meu primer marit.

Judicis, atracció, baralles, amor, advocats, tendresa, incertesa, recolzament...

La Lucie està al meu costat, va renunciar a la seva llibertat per acompanyar-me en els pròxims, llargs i difícils anys que mesperaven tancada a la presó. Ara entenc les noves sensacions que va experimentar en Ramon amb el seu amant Andrea.

Per fi em sento plena, he trobat a la persona adequada. Espero que això sigui un adéu definitiu a aquesta etapa de la meva vida.

Sílvia Hornos, Maria Peñas i Gemma Valls, 2n BAT

dilluns, 2 de maig del 2011

Les trinxeres

Oh Déu Meu! Va exclamar el soldat en observar el paisatge de fora de la seva trinxera. Centenars, potser milers de soldats estaven disparant, però no hi havia manera de distingir amic d’enemic. Allò era un absolut bany de sang, els soldats queien entorpits per les restes mortals dels camarades i els rivals a qui disparaven indistintament.
El nostre soldat va tornar a refugiar-se a les trinxeres, confús i espantat pel que acabava de veure, va aferrar-se al seu rifle no com un arma sinó com un salvavides, com a un ós de peluix, s’aferrava a ell per no tornar-se boig, tal era el seu estat. Moltes preguntes passaven pel seu cap: Com sobreviuré? Què faig? Em quedo o surto? Va començar a resar a un Déu en què no creia, a prometre coses que no compliria, i a somiquejar abundantment, demanant no morir. Mentrestant, la bogeria s’estenia cada vegada més al seu voltant.
Va tranquil·litzar-se una estona després, en què va prendre consciència del que succeïa al seu voltant, i va preparar-se per rebre els enemics i mirar de no morir. Poc després, van venir alguns dels supervivents del seu bàndol, visiblement afectats per tot l’horror que just havien aconseguit superar, i li van explicar que tot el que havien fet fins aquell moment quasi no havia servit per a res, ja que no havien aconseguit superar les línies enemigues. Després es van repartir els seus escassos queviures, útils només per mantenir-se vius, tot i que no en massa bones condicions.
Es van decidir a fer torns dins la trinxera per vigilar si els intentaven fer un atac sorpresa i al nostre soldat li va tocar el de mitjanit, així que se’n va anar a dormir aviat per estar descansat quan li toqués. Mentre estava estirat intentant adormir-se va pensar en qui el va convèncer per apuntar-se al servei militar: “És un treball estable i també és fàcil d’entrar, és molt difícil que en algun moment fins i tot hagis de disparar ningú, i després les pensions són molt generoses”. Es va jurar a si mateix que si aquell imbècil no havia mort quan tornés a casa se’l carregaria... bé, si ell tornava, cosa que tampoc semblava molt probable. La primera cosa que va passar per la seva ment va ser que esperava que la seva xicota no es traginés a algú altre mentre ell estava allà. Immediatament després va caure que se suposava que hauria d' estar pensant com de preocupada estaria la seva família, en tornar, acotar el cap i tots aquells pensaments nobles que s’esperava que tinguessin els soldats quan estaven a la guerra. “Bé, les coses no són mai com a les pel·lícules”, es va dir a si mateix abans de sentir una veu darrere seu.
“Et toca”, li va dir un company, “Ja és l’hora? Bé, què hi farem”. Es va aixecar amb parsimònia, va agafar el rifle amb mira telescòpica i es va ficar a vigilar el perímetre. Després de mitja hora es va relaxar lleugerament, ja que no es veia ni una ànima en cinquanta metres en línia recta, i era difícil que tot i la foscor, algú es mogués per allà i ningú el veiés. La seva ment va començar a vagarejar per les coses que hauria de fer si volia sortir d’allà pel seu propi peu i no en una caixa de fusta. El principal era no sortir de la trinxera si no era absolutament necessari, evitar els riscos evidents i anar sempre un pas endavant que els altres per no sortir perjudicat. Llavors es va adonar que s’havia despistat massa i va tornar a posar-se en alerta, les coses anaven sobre rodes, el temps s’estava acabant i no veia res a molta distància així que va respirar tranquil.
Estava plàcidament adormit quan va sentir un tret proper, es va despertar de cop i va agafar la pistola que tenia al costat. El que va veure després el va paralitzar, un dels seus companys estava al terra, però tot el que se suposava que hauria de ser dins del seu cap estava repartit per tota la trinxera. Les arcades van ser massa fortes, i va treure el poc que li quedava per digerir, després d’un segon es va obligar a reaccionar, tothom ja estava alerta i armat. Li van donar l’arma del mort i es van preparar per lluitar, es va agenollar, suava molt, li tremolava l’arma, encara no s’havia recobrat però lluitava per no perdre la concentració. Després d’uns dels deu minuts més tensos de la seva vida, van localitzar el tirador, li van disparar i el van tombar.
Després d’això no va poder conciliar el son en tot el que quedava de nit. Al matí va menjar una cosa que no podia discernir exactament què era, però pel sabor tampoc podia ser res de bo. L’oficial de més rang els va informar que els mantindrien en la seva posició actual indefinidament, fins que la situació de tensió en aquell front es resolgués d’alguna manera, i que per als ferits de diferent gravetat s’enviarien subministraments mèdics. “Bàsicament aquells fills de p*** ens deixen sense reforços i mantenint-nos com una pinyata, perquè els enemics concentrin aquí massa tropes i així puguin acabar amb ells més fàcilment en altres punts”. L’oficial no va tardar a contestar al que protestava: “Que vols que et digui, que no ens abandonaran, que el seu pla inclou d’alguna manera que no acabem amb un tret al cap? No em paguen perquè et menteixi soldat, peròhas de tenir clar que això... això ho fem perquè l’enemic no guanyi, per protegir els nostres compatriotes” “Seriosament et creus tota aquella propaganda nacionalista i tot allò de: Som els millors! L’esperança del mon occidental! La veritat és que no sé a qui he dir enemic, sembla que els que ens enviïn aquí tinguin un complot amb ells per fotre'ns-la doblegada”.
Després del comunicat i de la discussió el pessimisme es va instal·lar en la tropa, ningú no creia que sobrevisqués al següent dia, ni que aconseguís sortir viu d’aquella illa, tots menys el nostre soldat. No sabia encara com, però tenia la certesa absoluta que aconseguiria sobreviure a aquella experiència. Els dies següents van ser molt durs, sabent el que els esperava va haver-hi més d’un suïcidi, i no només en aquella tropa, moltes de les tropes de les trinxeres van tenir “baixes voluntàries” com es va començar a dir sorneguerament. Les batalles que van seguir, van ser cada cop més sagnants i desesperades, semblava que les coses només es podien posar pitjor.
Era el torn de nit, li tocava al nostre soldat, estava nerviós, les coses no semblaven millorar i cada cop les ofensives eren més rotundes. Possiblement guanyarien la guerra, però aquella part semblava destinada al fracàs, llavors els va veure, venien desenes només cap a la seva trinxera. Va despertar els altres, i van començar a abatre enemics, però eren massa, es van apropar a les trinxeres i un d’ells va tirar una granada just on estava el nostre soldat. Es va apartar ràpidament i sense voler li va donar un cop a la granada, no l’havia tret de la trinxera i seguia estant molt a prop, tenia que fer alguna cosa, però la granada no li va donar temps.
L’explosió li va petar el timpans, li va produir moltes ferides i el va tirar cap endarrere, però seguia respirant, no sabia com però havia sobreviscut a l’explosió d’una granada, tot i que no en molt bones condicions. No es podia dir el mateix dels seus companys, que s’havien endut el gruix de l’explosió i poc quedava d’ells. El nostre soldat va pensar que al cap i a la fi potser podria sobreviure, va seguir mantenint l’optimisme durant el temps que va estar conscient.
Cap soldat va sobreviure a aquella batalla. Al final, tot i la derrota van guanyar la guerra. Els mateixos que els van abandonar a la seva sort els van construir un memorial en el seu honor per la seva valentia, i les sospites del nostre soldat van resultar certes, la seva xicota li va fer el salt amb un altre des del mateix moment que va arribar al camp de batalla.

 
Nacho Raya, 1r BAT A

L’ENIGMA del DESERT

Timbre i cap a casa. Eren dos quarts de sis i els alumnes de 3r tenien el permís de la professora per sortir de classe.
Era un fred dia de febrer; tothom portava els seus abrics més calents. En Miquel era un d’ells. Aquella tarda, en Miquel havia de canviar el seu trajecte habitual. Va agafar unes patates de bossa que una companya havia comprat a la cafeteria de l’ institut i es va acomiadar dels seus amics.
En Miquel havia d’anar al port. La seva mare treballava en una botiga al passeig marítim. Era un noi una mica despistat i s’havia deixat les claus a casa, llavors no tenia més remei que anar a buscar les de la seva mare.
Va començar a caminar. El primer edifici pel qual va passar després de sortir de l’ institut, era l’ajuntament. Va voltar el seu cap i es va veure reflectit a les grans vidrieres de l’edifici.
Era un noi bastant alt per als seus tretze anys. Tenia el pèl curt i una d’aquelles cares que inspiren confiança. Encara era un nen, però ja es començava a sentir com un adult.
Va retornar el pas. Després de passar una escola en què estudiava un vell amic seu, va començar a caminar pel vial que portava a Salou. A la dreta d’aquella carretera hi havia un gran descampat que pertanyia al límit municipal de Vinyols. Enmig d’aquella gran esplanada, hi havia una peculiar casa: era petita i antiga i es trobava enmig d’aquell “desert”. Allà vivia l’avi Antoni, un senyor molt conegut pel poble, un senyor que en Miquel coneixia.
Aquell dia hi havia una cosa estranya a la casa; el gos d’Antoni no parava de bordar, això era estrany, ja que encara que fos un gos gran, era molt tranquil.
Va apropar-se a la casa. A continuació va trucar al timbre, però no hi va haver resposta. Un aspecte va cridar l’atenció d’en Miquel: el gos estava bordant cap a fora de la casa. En Miquel era un noi molt curiós, no s’ho va pensar dues vegades i va saltar la tanca de la casa.
Seguidament, va apropar-se al gos i aquest es va tranquil·litzar amb la seva presència. De sobte va començar a bordar un altre cop, volia dir-li alguna cosa a en Miquel. Durant un moment va estar dubtant, però va decidir deslligar-lo i veure què volia.
El que ell no s’esperava és que el gos se n’anés corrent, va saltar la tanca i va córrer cap al descampat. Mare meva, va pensar en Miquel. No va tenir més remei que córrer darrere el gos i tornar-lo a agafar.
De sobte va veure com el gos es va aturar al costat d’uns grans matolls, en Miquel es va apropar, el gos ja no bordava i estava inspeccionant aquelles plantes. En Miquel va agafar el gos, però en aquell moment va saber que volia el gos: en aquells matolls hi havia una persona i directament va saber que era morta.
En Miquel es va quedar parat, mai s’ho hauria imaginat. Va agafar el gos i es va asseure a terra, no sabia què fer. Ni molt menys s’imaginava que la policia arribaria al cap de pocs minuts. Semblava ser que algú va veure en Miquel saltant la tanca de la casa de l’Antoni i va creure que era un lladre.
Ho va explicar tot, per què havia entrat, per què havia agafat el gos, va dir qui era, va ensenyar el seu DNI... Qui li hagués dit que avui aniria a tenir tants problemes? Al cap d’uns minuts aquell lloc es va omplir de policies, que vigilaven l’escena del crim i començaven a buscar proves. També va arribar molta gent intentant saber què havia passat. Entre ells, l’avi Antoni que encara estava més sorprès.
En Miquel va tornar el gos a l’Antoni i més tard la seva mare va arribar, la policia l’havia portat fins aquell lloc.
Va abraçar-lo i li va donar un munt de petons. En Miquel no deia res més, només volia tornar a casa, i així ho van fer.
No va parlar en tot el dia, no li ho va dir a ningú, tampoc va explicar al seu pare el que havia passat, encara que ell ja se n’havia assabentat gràcies a la seva dona. Durant el sopar d’aquella nit, tots van fer un esforç per evitar parlar del tema. Només acabar, en Miquel se’n va anar a la seva habitació a dormir, però no va poder.
Per fi es va calmar, ja no tenia por, ara estava inquiet. No podia dormir, no parava de pensar què li havia pogut passar a aquell noi, era tan jove, com havia pogut acabar mort en aquell lloc.
Al dia següent no va anar a classe. De bon matí un home es va presentar a la seva casa. Era un inspector del mossos d’esquadra i volia parlar amb ell. Aquell policia venia des de Tarragona per investigar el cas i només volia fer unes quantes preguntes a en Miquel. La seva mare va preparar cafès i es van asseure a la sala d’estar.
Després d’estar una bona estona parlant, l’inspector Garcia, que era com l’anomenaven, se’n va anar i li va dir a en Miquel que ja no s’amoïnés per res més, que la policia ja s’encarregaria de tot.
Però en Miquel no es va quedar tranquil, volia saber-ne més, volia saber què havia passat i no volia esperar a que la policia acabés amb el cas. Aquell dia en Miquel ja estava bé i es podia parlar amb tota confiança de tot el que havia passat.
Al dia següent, ja va anar a l’ institut. No va fer falta dir res, tothom sabia què havia passat. En Miquel es va imaginar que tothom se n’havia assabentat a base de rumors. En un principi ningú no li deia res, però van ser els seus amics els que li van començar a parlar sobre el tema. Tots estaven tan intrigats com ell, tant que després de les classes, per la tarda, van decidir tornar a l’escena del crim.
I així ho van fer; corrent van tornar al descampat, però ja no quedava res a veure, la policia ho havia tret tot. Van estar un bona estona investigant, no sabien exactament què buscaven però el fet d’estar allà inspeccionant i buscant entre les plantes i el terra del lloc del crim els va fer sentir com autèntics policies.
De sobte, un cotxe es va apropar. La porta d’aquest es va obrir, era l’inspector Garcia. Va caminar cap als nois que van deixar de buscar res i es van quedar aturats. Era un home simpàtic, abans de res els va saludar a tots i després els va preguntar què estaven fent en aquell lloc.
Va ser Miquel qui va respondre a la pregunta. L’inspector va riure i a continuació va dir que tots junts buscarien alguna cosa que els donés alguna pista.
Tots junts van començar a buscar alguna cosa que els pogués donar una pista, i així van estar un bona estona. En Miquel i els seus amics creien que això era una cosa fàcil però no ho era. Però quan ja creien que haurien d’anar-se’n sense res, l’inspector els va cridar. Havia trobat dos guants amagats en uns altres matolls a un quants metres del mort. Estaven bruts i semblava que estiguessin tacats de sang, sens dubte era una bona prova.
L’inspector Garcia va dir que ja n’hi havia prou i que ja tenia el que buscava. Va dir als amics que ja era tard i que havien de marxar a casa. A més els va recomanar que no tornessin al lloc del crim o algú creuria que eren sospitosos. Ho va dir amb un somriure a la cara. A continuació va pujar al cotxe i quan va veure que els nois ja s’anaven, ell també va marxar.
Durant els dies següents, molts rumors arribaven fins a les orelles d’en Miquel i s’havia convertit en el noi més reclamat a l’ institut. Ell i els seus amics continuaven expectants a rebre noves notícies sobre el cas, necessitaven saber què havia passat, però poc a poc la gent va oblidar-se de la troballa d’en Miquel.
Van passar dues setmanes sense cap notícia i en Miquel ja començava a pensar que s’havien oblidat d’ell. Però per una altra banda, l’inspector Garcia li va assegurar que l’ informaria de qualsevol novetat.
Va passar una altra setmana sense cap notícia, però un divendres, l’inspector Garcia va tornar a aparèixer a casa d’en Miquel. Ara sí hi havia novetats, i molts importants.
L’inspector va comentar que havien estat molt ocupats en altres casos de més prioritat que aquest, però que per fi van poder fer l’autòpsia.
 En Miquel i la seva família estaven intrigats i esperaven amb ganes que els comuniqués els resultats: la causa de la mort era un infart i no cap assassinat.
Tots es van quedar aturats, ningú s’ho imaginava. El mort va ser identificat com un veí de Vinyols, casat però sense fills.
 A partir d’aquell dia en Miquel va decidir que en el futur seria inspector de policia, aquesta experiència li havia agradat.
Però encara quedaven molts aspectes sense solucionar: de qui eren aquells guants i les taques de sang? I el més important, com havia arribat el mort fins a aquell lloc tan apartat. I amb tantes qüestions a resoldre, el cas anomenat “l’enigma del desert” va quedar tancat, de moment...

Raúl Pavón Amador, 3r ESO A